Adoración: Tema 3


3. SUSTITUTOS DE DIOS ¿A QUIÉN ADORAMOS?

Nuestro instinto de adoración siempre se mantiene activo. Esto significa que, de alguna manera, hay algún dios a quien rendimos culto, sea como sea, o sea lo que sea. ¿somos conscientes de esto? ¿cómo tiene que ser alguien o algo para que pueda llegar a ser considerado un “dios”?. Básicamente se trata de algo que ocupa el tiempo y la dedicación que corresponden al verdadero Dios. Podemos encontrar cosas evidentes, pero también otras muy sutiles, las cuales se convierten en dioses para nosotros. Vamos a poner algunos ejemplos:

1. Algunos insisten en que nuestro propósito central en esta vida es trabajar. Pero un hombre puede trabajar toda la vida, identificarse con su trabajo y luego jubilarse. Poco tiempo después de la jubilación, se muere porque su vida ya no tiene propósito. ¿puede el trabajo convertirse en un dios?: Si. Hay que trabajar, es cierto, y hacerlo honradamente y con entrega. Pero no una entrega desmesurada como si eso fuera lo único que nos llena, lo que ocupa la parte más importante de nuestro tiempo, lo que hace que seamos capaces de cualquier cosa inmoral o ilegal con tal de prosperar en el trabajo, etc...  Si alguien tiene tanta dedicación que no le permite orar ni ir a la iglesia, es decir, si antes es el trabajo que el verdadero Dios, entonces el trabajo es su dios.
2. Otros quieren convencernos de que estamos aquí para educarnos, desarrollarnos y perfeccionar nuestra naturaleza intelectual. La educación es buena, pero por si sola no sirve para responder al propósito eterno de porque existo. Cuando muramos nos llevaremos la cultura a la tumba. La cultura, buena y necesaria, nos sirve solo en esta vida, pero el exceso de estudios puede obsesionarnos y hacernos pensar solo en esto.
3. También encontramos los que dicen que estamos en este mundo para disfrutar. Por tanto todo debe ir dirigido en la búsqueda del placer. A veces pueden ser cosas fuertes y evidentes, pero puede suceder que en las cosas sencillas, que en sí no son pecado, también encontremos dioses. Por ejemplo, la música, el arte, la naturaleza, las amistades, el cine... Cuando algo alcanza un nivel de preocupación y ocupación excesivo entonces podría llegar a convertirse en un dios.
4. Hay quienes piensan que lo que importa es experimentar emociones. Y cada vez las emociones tienen que ser más y más fuertes. De esta manera el propósito de la vida es hacer cualquier cosa que nos emocione.
5. También podemos encontrar aficiones de todo tipo, coleccionismo, deportes, y cualquier cosa que, en sí mismas son buenas, pero con exceso desproporcionado se convierten en dioses a los que servimos y damos culto.

Todas estas cosas, y quizás otras que nos dejemos, pueden ser dioses en nuestras vidas sin que lo sepamos. Pueden dominarnos, llenarnos lo suficiente aunque sea mediocremente, y alejarnos del verdadero dios. O quien no ha visto, por ejemplo, alguien que no puede ir a misa porque va al campo, o a jugar un partido, o tiene que estudiar....

Pero, mucho más grabe es cuando alguien admite tener un dios que no es el verdadero, y voluntariamente se queda con el suyo y rechaza al verdadero. Ya sea por debilidad, ignorancia, o porque se ha entregado a otra cosa voluntariamente. Lo importante es que todo lo que nos aparte del verdadero Dios Creador de cielos y Tierra, Jesucristo, y Espíritu Santo, hay que rechazarlo. Cuando acabemos esta vida solo nos quedará Dios, lo demás no servirá.

Si analizamos un poco los posibles dioses con la estructura del hombre, vemos que está interrelacionado. Algunos antropólogos dividen al hombre en cuerpo, alma y espíritu. Y el alma en inteligencia, sentimientos y voluntad.
a) Cuando los dioses tienen que ver con el ámbito del cuerpo, podemos encontrarnos con cultos a la belleza, al desarrollo exagerado y exposición del cuerpo humano, como sucede con el culturismo. También la moda puede convertirse en un dios, y cuantas cosas se nos puedan ocurrir respecto al cuerpo y que puedan ser llevadas a extremos fuera de lo normal.
b) Cuando los dioses están relacionados con la dimensión del alma, puede aparecer una inquietud excesiva por conocer y saber más y más (inteligencia). O bien ganas de sentir nuevas sensaciones, experiencias o placeres (sentimientos). Y también hacer en todo momento lo que la voluntad personal quiere sin tener en cuenta la necesidad real del momento ni a los demás (voluntad).
c) Por último cuando los dioses se mueven en terrenos espirituales el problema es mayor y muy peligroso. Aquí entrarían cosas como falsas creencias, practicas ocultistas, satanismo, etc...


Los dioses substituyen a nuestro Creador, quien conoce lo que nos conviene. A veces actúan como anestesia general y el enfermo no se da cuenta de su verdadera necesidad porque acepta como buena la satisfacción mediocre, incompleta y con efectos secundarios, que le proporciona el falso dios. Es un gran desastre no darse cuenta que Dios te ha creado con un propósito especial, único y divino: ser objeto del amor predilecto de Dios y adorarle. Igualmente, es trágico, ver como las personas no reconocen que el hombre incumplió el propósito de su creación, que era adorar a Dios en la hermosura de su santidad. Así pues, debido a esta anestesia, amnesia, atontamiento, o como queramos llamarlo, gran parte de la humanidad está preocupada por encontrar cosas que llenen el vacío de Dios en su interior, pero eligen lo equivocado alejándose más y más de la Verdad y aumentando su desorientación, mientras que disminuye su capacidad de reencontrar el camino a su real y verdadero propósito de vida.

No nos engañemos, aunque algunos si lo hacen, y aceptemos que algo en lo profundo de nuestro ser nos incita a buscar a alguien o algo para adorar. Si el hombre no  ha conocido a Jesucristo y no ha sido redimido, no puede definir claramente el objeto de su adoración. Vagará llenando su vacío con cualquier cosa. Por otra parte, si ha conocido a Jesucristo, lo lógico sería que conociera a quien tiene que adorar y se esforzara en hacerlo.
Sea cual sea el punto inicial de cada persona, cristiana o no, con mayor o menor riesgo de vagar sin orientación, hay que ser conscientes de que siempre hay peligro de adorar algún dios equivocado.

Se han descrito algunas posibilidades sencillas de falsos dioses, pero podemos ir más allá, y me gustaría abordar rápidamente algunos dioses muy típicos también en nuestros días.

1. el YO. Es decir, cuando nuestra vida gira en torno a nosotros mismos: Yo quiero, yo digo, yo pienso, yo, yo , yo.... Este es un dios muy difícil de desenmascarar y de eliminar. Puede llegar a extremos peligrosos cuando se une con poder político o religioso.

2. Personalidades (Sacerdotes, pastores, músicos, políticos, padres...). Todos somos iguales ante Dios, aunque a cada uno se nos han dado unos dones o carismas, y capacidades diferentes para servir en el cuerpo de Cristo de maneras diferentes y con grados de autoridad y responsabilidad también diferentes. Por tanto cuando miramos a otra persona vemos a un ser humano no a un dios. A veces puede darse una dependencia respecto de alguien inapropiada. Un sencillo ejemplo: ¿Alguien ha probado en organizar una adoración? ¿Has experimentado la diferencia en cantidad de personas que asisten si se hace con presencia del obispo o sin su presencia? ¿Vamos a adorar a Jesucristo o a quien?

3. Imágenes. Hay que aprender la diferencia entre venerar y adorar, entre un recuerdo y algo real, etc...

Aunque te encuentres adorando a falsos dioses, debes saber que Dios no renunció a ti. Así es, Dios no se ha olvidado de nosotros aunque nos encontremos lejos de Él y adorando a otros, o adorándole a él y a otros al mismo tiempo. Que no ha renunciado significa que sigue llamándonos a la Verdad y a adorarle solamente a Él.
Dios quiere que reflejemos su gloria, y esto sólo podemos hacerlo si estamos unidos a él en adoración. ¿Qué o a quién reflejamos en nuestra vida?
Atrévete a expulsar de tu vida todo falso dios y a adorar al único y verdadero Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo). En Dios encontrarás paz, bendiciones, felicidad; en los demás.... ¿quizás algo temporal agradable? ¿y después qué....?

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