Adoración: Tema 5


5. ¿CUÁNDO Y DÓNDE ADORAR?

            Cuando nos acercamos a Dios por la adoración hay gran gozo en los cielos. Nos unimos, aunque de forma imperfecta en la Tierra, a la eterna y perfecta adoración del cielo. Por este y otros grandiosos motivos, la adoración debe ser prioritaria ante otras formas de oración. No obstante, el recorrido hacia la adoración pasa, al menos, por una etapa previa.

            Puede suceder que sintamos un llamado a la adoración, y entonces busquemos algún lugar y una hora donde podamos adorar a Dios. Este sentimiento es precioso y no debemos despreciarlo. Cuando yo tenía unos 25 años de edad, cada día sentía el llamado de ir a una capilla cercana y estar allí, en reposo y paz, adorando al Señor. Fui varias veces, pero me dejé influir por una idea equivocada. Pensé que iba demasiadas veces y los vecinos se estaban dando cuenta y yo no quería coger fama de “beato”. Así que dejé de ir. Podría haber buscado otro lugar más discreto, pero al “deslocalizarme” también me desorganicé, así que aquello terminó. Ahora me doy cuenta que fue un grabísimo error. No tardó en venir a mi vida un periodo de sequía, que unido a otras malas experiencias, me distanció de Dios. Solamente una cosa me sostuvo y me rescató nuevamente: fue la oración personal. Cuando he hablado de la etapa previa me refería a esta oración. Antes de buscar grandezas en la adoración debemos cimentar nuestra vida espiritual con la oración personal.

            Todos los días es necesario, mejor dicho, imprescindible, vital, cuestión de vida o muerte.... buscar un lugar y un tiempo para la oración personal. En lo que a la hora se refiere, debe ser un espacio de tiempo reservado solo a Dios. Una franja horaria con las mínimas posibilidades de ser afectada por cosas imprevistas que puedan interrumpirla. Normalmente es ideal orar cuando la mente está fresca y en orden, es decir, por la mañana a primera hora (cf. Mc 1,35), por la noche (He 16,25), o cualquier otro momento que nos pueda dar las mayores posibilidades de estabilidad según las obligaciones humanas de cada uno. Dios es lo primero, antes que la televisión, los amigos, el periódico, la cultura, la pereza, etc... Y la clave del éxito es ser fiel a la cita todos los días. Con la oración personal garantizada tendremos unos cimientos fuertes. Y aunque vengan tempestades nuestra vida espiritual no se derrumbará porque estará cimentada sobre roca (cf. Mt 7,25).

            Si consigues ser fiel a la cita diaria con Dios, aunque peques no lo dejes, aunque las cosas no salgan como quieres en tu vida no lo dejes, aunque te digan que pierdes el tiempo no lo dejes, aunque nadie más que conozcas lo haga no lo dejes, aunque no sepas que decir a Dios no lo dejes, aunque te aburras, tienes sueño, no te sientes respondido, etc... NO LO DEJES. Te aseguro que si mantienes firme el pilar de la oración personal nunca serás totalmente destruido y llegará un día que podrás conseguir y mantener una buena construcción espiritual en tu vida. Pero si permites que te destruyan los cimientos y las corrientes del mundo te arrastren, necesitarás un milagro para volver a poner las bases. Si aún te queda una pequeña piedrecita como cimiento lucha por ella a vida o muerte.
           
            Todo esto lo digo porque si no somos capaces de empezar con la “fidelización” de la oración personal, ¿cómo pretenderemos ser fieles a la adoración?. Primero hablemos de un lugar y una hora para la oración personal, después hablemos del lugar y momento adecuado para la adoración. Con esto no quiero decir que hasta que no se haya consolidado lo primero no se pueda adorar. Claro que se puede adorar, siempre que se tenga oportunidad. También una experiencia de Dios a través de la adoración nos puede iniciar en la oración personal y entonces ir creciendo en ambas cosas paralelamente. Pero si abandonamos los cimientos también dejaremos de adorar. Si dejamos de adorar por el motivo que sea, pero mantenemos los cimientos, Dios misericordioso nos rescatará y volveremos a adorar. Si únicamente vamos a grandes cultos de adoración donde se nos pone la piel de gallina, y no hacemos nada más, debemos revisar nuestro corazón y cual es la intención verdadera por la cual vamos a ese culto, porque si realmente deseamos adorar no sólo lo haremos allí donde ocurren grandes cosas sino que querremos seguir haciéndolo de manera mas sencilla. Debemos aprovechar las grandes experiencias para iniciar o mantener una regularidad fiel de oración - adoración. No únicamente como momentos bonitos y después hago lo que quiero. Si, aún esforzándonos, no conseguimos ser fieles a Dios en la oración diaria, pero lo deseamos, debemos buscar ayuda en personas de confianza y de oración reconocidas.

            Es necesario un esfuerzo para conseguir ser fiel a la oración personal diaria, pero lo mismo sucede con la adoración asidua y si puede ser también diaria. Lo primero es necesario para sobrevivir, lo segundo es imprescindible para crecer. No siempre cuando se ha consolidado la oración personal se llega a consolidar la adoración, sobretodo cuando se trata de personas con otras obligaciones necesarias en el mundo, como el trabajo y la familia, entonces hay que discernir hasta donde se puede llegar. Aunque, todo puede ser oración y todo puede ser motivo de adoración, pero esta afirmación no puede convertirse en una excusa para no encontrar lugares y tiempos específicamente dedicados a Dios. Todo lo que hagamos en nuestra vida tiene que dar gloria a Dios y ser una prolongación de aquella oración y adoración que ya hemos hecho.

            Llegados a este punto, amado lector, puedes estar pensando: “una introducción algo larga pero aún no se ha abordado el tema en concreto”. Bien, empecemos de nuevo. ¿Cuándo y dónde adorar a Dios?
            Quiero recordar un bonito texto del Evangelio de San Juan que relata lo siguiente: «Le dice la mujer: “Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.” Jesús le dice: “Créeme, mujer, que llega la hora en que , ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre [...] llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren.» (Jn 4,19-23).

            Vamos a fijarnos en la deslocalización que hace Jesús de la adoración a Dios. No se trata de un lugar concreto, sino de una forma correcta de hacerlo. Eso si, Jesús da por supuesto que se va adorar. En esa época había lugares sagrados, especialmente el templo de Jerusalén, donde se daba culto a Dios. Pero hoy en día cada cristiano es un templo de Dios vivo (cf. 1Co 3,16). Entonces si llevamos siempre con nosotros el templo de Dios, donde su Espíritu reside permanentemente, quiere decir que en cualquier lugar y a cualquier hora se puede hacer adoración. Lo mismo sirve para cualquier tipo de oración. En la Bíblia podemos encontrar personas orando en espacios abiertos como el monte, la playa, el campo... (cf. Mt 14,23; Mc 6,46; Mc 1,35); en aposento particular (cf. Mt 6,6; He 9,10); en el templo (cf. Mc 11,17; He 3,1); En el hogar (He 1,13-14; He 9,11; He 10,30); y en todo lugar (cf. 1Tm 2,8).

            A Dios se le puede adorar en todas partes si se hace en espíritu y en verdad. No hay iglesias, denominaciones o lugares concretos donde únicamente allí pueda hacerse. Cualquier lugar es bueno si se hace correctamente. Una cosa es cierta, si usted no puede adorar “aquí” tampoco podrá hacerlo allí. Por ejemplo, si no consigue adorar en su iglesia metropolitana, no lo hará en un lugar de peregrinación. (A no ser que Dios quiera tocar su corazón de forma extraordinaria en ese lugar concreto). Lo mismo pasa con el tiempo. Puede suceder que algunas personas digan que la adoración hay que hacerla un día concreto de la semana. Esto es falso. Siempre hay que adorar.

            Los tiempos de adoración en lugares preparados para ello deben llenarnos de manera que después podamos continuar una vida en permanente adoración. Si Dios no está en su fábrica, en su tienda, en su despacho, en la escuela, en casa..., tampoco estará en su iglesia cuando usted acuda a ella. Mejor dicho, estar, si estará pero quizás usted no conseguirá entrar en verdadera adoración en espíritu y en verdad. Porque la adoración hay que llevarla en el corazón y por tanto nos acompañará a todas partes. Adoración total a Dios en todo lo que se hace.

            Es un gran privilegio no estar limitados por el espacio y el tiempo, pero hay que tener en cuenta algunas cosas:

1. Podemos adorar a Dios en todas partes pero no todos los lugares son iguales. Hay lugares que facilitan la adoración. En ellos se siente paz, calma, son acogedores, etc... Hay lugares maldecidos por influencias diabólicas y otros bendecidos por Dios. A Dios, como se ha dicho, podemos adorarle donde deseemos, pero hay sitios donde su presencia se siente con mayor facilidad y donde él bendice de forma especial. Sobretodo hay que valorar i amar la presencia de Jesús sacramentado.

2. Podemos adorar a Dios en cualquier momento pero no todos los tiempos tienen el mismo significado. El tiempo pertenece a Dios y el ha elegido momentos de la historia para hacer su obra. Podemos y debemos adorarle en cualquier momento pero no podemos quedarnos solo con el tiempo ordinario. Hay valorar y reforzar la adoración en los tiempos especiales que hacen memorial de las intervenciones de Dios en la economía de la salvación. Es decir, por ejemplo, si adoras un dia cualquiera, ¿cómo no vas a adorar un jueves santo?.

3. La libertad que el Espíritu Santo nos da para poder adorar en todo tiempo y lugar no debe llevarnos al individualismo. Es muy fácil encontrar personas que se llaman cristianos pero viven su fe solos. Es cierto que podemos adorar en todo tiempo y lugar pero eso no debe desvincularnos de la comunidad cristina. En el creyente debe existir un equilibrio entre relación personal y comunitaria con Dios. Es necesaria la comunidad cristiana con todos sus dones al servicio de los hermanos. Con ella oraremos, adoraremos, celebraremos cultos, recibiremos bendiciones, ayuda, etc.. Y también es necesaria la oración y adoración personal y privada con Dios, en la cual somos grandemente bendecidos, fortalecidos, etc... Si falla una de estas dos dimensiones no podremos evolucionar debidamente como cristianos, y según el grado de desviación del equilibrio ideal, podemos estar perjudicando más o menos a la Iglesia.

4. Aprender a identificar el Kairos. Su significado literal es «momento adecuado u oportuno». La vida de las personas transcurre a través del tiempo. Un tiempo que nunca se detiene. Anteriormente he comentado la posibilidad de orar u adorar mientras hacemos otras cosas, o al menos luchar para mantener el espíritu de adoración en todo momento. Pero, si estás en casa sentado en el sofá viendo la televisión y en ese momento sientes un ligero soplo que te llama a hacer adoración, esto es el kairos: momento adecuado y oportuno en el que Dios te está llamando a adorarle “ahora”.  No rechaces las llamadas de Dios a adorarle, ya sea personal o comunitariamente. Vale la pena responder.

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