Adoracion: tema 7


EL CENTRO DE LA ADORACIÓN


Cuando los cristianos se acercan a Dios con intención de adorarle pueden suceder dos cosas:

     a) Que realmente se adore a Dios
     b) Que lo que se haga no sea adoración.

Entre los dos polos pueden darse situaciones intermedias con diversas proporciones de elementos de ambas posibilidades. Aún sabiendo que la adoración perfecta solamente la realizaremos en el cielo, esto no debe convertirse en excusa para el conformismo en lo que relacionado al tipo de adoración que podamos estar haciendo en estos momentos. Es necesario tener sed de perfección en toda nuestra vida espiritual, incluida la adoración.

Quizás algunos cristianos hayan llegado a un nivel de perfección muy alto como adoradores, mientras que otros creen que lo están haciendo bien pero en realidad lo suyo no tiene nada que ver con la verdadera adoración. No se donde te encuentras tu, pero si deseas de corazón alcanzar un conocimiento más íntimo de Dios y darle más gloria en la adoración, sigue aprendiendo y perfeccionándote. Tenemos que aprender a adorar para complacer a nuestro amado Dios, pues lo merece.

El diablo intenta desviar la verdadera adoración a otras cosas que podemos llamar de igual manera, pero sin ser lo mismo. Y con todo, es posible tener una experiencia “religiosa” especial pero sin ser un encuentro de comunión, salvador y sanador con Cristo. Se pueden hacer y decir muchas cosas dentro de las diferentes iglesias o grupos cristianos. Estas cosas también pueden ser tan bellas y emocionantes que nos hagan llorar, poner los pelos de punta, emocionarnos.... o simplemente nos hagan sentir bien. Estos, y otros, son posibles elementos de una adoración verdadera, no imprescindibles aunque son bonitos y Dios también se sirve de ellos, ahora bien, por sí solos no constituyen verdadera adoración.

No podemos adorar a Dios como queramos, nuestra adoración debe adaptarse siempre a la voluntad divina según su Palabra y tiene que fluir de un corazón sometido a la influencia del Espíritu Santo. La Biblia nos dice: «Te postrarás y adorarás al Señor tu Dios»(Dt 26,10); «los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron» (Mt 28,16-17); «Adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y los manantiales de agua» (Ap 14,7).

La Palabra de Dios nos llama claramente a la adoración, y su centro no puede ser otro sino Dios mismo: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cualquier forma de oración que no se centre en Dios y todo lo que se realice en no vaya dirigido exclusivamente a él, no es adoración. Quizás contenga algunos elementos válidos, pero como algo general no sería lo que estamos buscando. Vamos a analizar, sin ánimo de criticar sino de reconducir, algunas de las desviaciones más típicas:

1. Puede darse el hecho de estar ante Dios, en el caso de los católicos ante el Santísimo Sacramento expuesto, y ocupar el tiempo con predicaciones, lecturas de poemas, reflexiones de libros cristianos o no cristianos, lecturas de citas bíblicas, con rezos o prácticas piadosas, ya sea el rosario, novenas y cosas parecidas. Todas estas cosas no tienen lugar en una verdadera adoración, si bien pueden ser cosas buenas y muy recomendadas para todo creyente. Eso si, en otros momentos que no sean los exclusivos y específicos de adoración. Todo lo que desvíe nuestra atención de centro absoluto, es decir, Dios, debemos excluirlo para que no desvirtúe el verdadero sentido y objetivo de la adoración.

2. La adoración no es una exhibición de medios técnicos, luces, cantos, gestos, etc... Es decir todas aquellas cosas fruto de la preparación humana. Sólo con esto la adoración no será aceptable para Dios. Los cantos, los medios técnicos y expresiones corporales bien dirigidos y guiados por el Espíritu Santo pueden acompañar la adoración favoreciendo que ésta sea más intensa y real. Es peligroso y erróneo depender exclusivamente de los medios humanos para conseguir una buena adoración. He participado en cosas parecidas y al faltar el sometimiento al Espíritu Santo todo resulta teatral, las personas vuelven a casa sin restauración ni sanación. Cuando no hay o no se escucha al Espíritu Santo todo puede convertirse en  un gran desastre y un fraude, por muy buena intención que se tenga. Si hay verdadera buena intención de agradar a Dios, él nos guiará hacia la verdadera adoración a pesar de unos inicios desastrosos. En este caso hay que seguir adelante y buscar quien pueda ayudarnos.

3. Es un error creer que la adoración es algo delimitado a momentos especiales, como algunos días de Semana Santa, Navidad, u otros eventos esporádicos. Quien ama a Dios, ama la adoración y no pone obstáculos para que los fieles puedan practicarla cuanto más mejor. Hay que pensar que si el hombre no hubiera caído en pecado, la adoración sería lo más natural del mundo, porque Dios diseñó al hombre específicamente para que lo adorarse. Sin embargo, con la caída lo que se ha vuelto natural es el pecado. Es por este motivo que cuesta tanto extender la adoración, ya que nuestra naturaleza pecadora, y el diablo que se aprovecha de ella, luchan contra cualquier iniciativa de adoración.

4. No se puede adorar a Dios con la falsa idea de que el pecado no existe o simplemente no tiene importancia. Dios no aceptará ni responderá la adoración de un pecador que se encuentre cómodo en su pecado y no tenga intención de cambiar su vida según la voluntad de Dios.

5. Si entiendo a Dios no puedo adorarle. Si entendiera a Dios, o bien lo que adoro no es el verdadero Dios, o bien soy demasiado orgulloso al considerar que estoy a su altura. Otra posibilidad sería la creación de una filosofía a partir de la religión eliminando todo lo sobrenatural  para dejar todos los conceptos al nivel y dominio de la mente humana. Esto es un engaño muy lejos del verdadero Dios y todo intento de adoración según esta mentalidad es falsedad.

Una vez más quiero reiterar la necesidad imprescindible de situar a Dios (Padre, Hijo, Espíritu Santo) en el centro de toda adoración. Solamente él es digno de recibir toda la gloria, alabanza, honor, adoración. Cualquier elemento que utilicemos, sea lo que sea, será válido si nos ayuda a conseguir mayor calidad de adoración, sin distraer ni desviar, manteniendo la atención en el centro de la adoración: Dios.

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